CAPITULO III
Conversación entre el Señor Siva y Sati
Daksa, envanecido por el apoyo de Brahma, que le situó como prajapati, Realizó dos sacrificios para Visnu, mas sin invitar ni a Siva ni a su padre. A estos asistían los devas con sus esposas, volando de todas partes. Sati, al ver a las bellas devis, se acercó a su esposo y le dijo afable.
Sati dijo:
“Mírales a ellos, ir al brhaspati-sava, yo también quisiera asistir contigo. Allí estarán mis hermanas, mis tías y tíos, y habrá un gran sacrificio. Como soy mujer, no entiendo mucho y añoro ver el lugar donde he nacido. ¡Oh, deva!, mira cómo el cielo con esas naves cual cisnes, se ve de bonito.
¿Cómo yo, siendo la hija, no desearé presenciar tal evento festivo? Para ir donde el padre, el gurú o un amigo, ninguna invitación es necesaria. Soy tu esposa, la mitad de tu cuerpo, así es que por favor sé bueno conmigo.” Maitreya dijo: Siva, sonriendo, le respondió con las siguientes palabras.
Siva dijo:
Querida esposa, es verdad que, sin ser invitado, uno puede ir donde un amigo, Siempre que éste, por apego al cuerpo, no busque defectos y se irrite con uno. Pues quien por austeridad, riqueza, belleza, cultura y herencia está envanecido, Se enceguece, e impúdico no reconoce en sus superiores bien ninguno.
Ni los parientes pueden ser visitados si te reciben con ira y con el ceño fruncido. Pues ni la flecha del enemigo hiere tanto como la dura expresión de un familiar. Aunque eres su favorita, tu padre no te honrará, por tu relación conmigo, Pues movido por su ego, envidia como un ateo la elevación de los demás.
Mi joven esposa, es verdad que los familiares se saludan de distintos modos, Pero el iluminado lo hace a Paramatma y no al que se identifica con su cuerpo. Yo siempre reverencio a Vasudeva, quien en mi mente pura aparece en todo. Por ello no vayas, pues será para ti como la muerte, cuando te falte el respeto.
